LAS HORAS DE UN MAL RECORRIDO
Por: Darío Andrés Hernández
Fue un viernes en la tarde. Aburrido en la casa, los amigos de Darío lo invitaron a jugar X-Box con ellos en un centro comercial al otro extremo de la ciudad, teniendo en cuenta que estaba muy aburrido, aceptó la invitación más o menos a las 5 de la tarde fue con ellos. Fue una tarde divertida, pero se hizo de noche antes de darse de cuenta.
Para volver a su casa, tenía que tomar bus y en eso, Darío no era un experto. Se montó en uno que decía Cra 33 porque su casa quedaba por esa carrera.
Distraído y en menos de nada, el bus llegó en menos de media hora a la carrera 33, solo que se dio cuenta cuando ya había pasado su parada y confiado en que el bus hacía un retorno más adelante esperó a que lo hiciera, pero el bus siguió y siguió hacia el norte de la ciudad, muy lejos de su casa.
Ya eran aproximadamente las 8 de la noche y su madre debía estar preocupada, era una de las primeras veces que el salía solo de su casa y ya era muy tarde.
Más o menos después de 40 minutos de recorrido se dio cuenta de ue estaba en San Francisco, se asustó mucho, sus manos sudaban y no dudó en preguntarle a la señora que iba sentada a su lado que por donde iban, ella le contestó que en San Francisco. Darío con mucha pena le contó a la señora lo que le había sucedido y ella le dijo que no se bajara hasta llegar a una parte más segura porque podía ser peligroso.
Esa señora, le dijo que se bajara con ella en el barrio el Kennedy y que ella le ayudaría a tomar un taxi. Con solo 4000 en el bolsillo, Darío se subió en un taxi y le dijo al señor que por 4000 hasta donde lo llevaba, el señor taxista le respondió que por esa cantidad lo sacaba del norte, pero mas sin embargo Darío le pidió que lo llevara hasta su casa.
Cuando llegaron al parque San Pío (9 de la noche ya), un parque que quedaba cerca a la casa de Darío, el semáforo se puso en rojo y el sin dudarlo, abrió la puerta del taxi y le tiró a las piernas del taxista los 4000 que tenía aunque sabía que la carrera costaba casi el doble. Salió corriendo por el parque sin detenerse y sin mirar atrás, cuando se dio cuenta de que era momento de detenerse ya iba en el ascensor del edificio y se sentía a salvo.
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